Las
botellas que se usan en los vinos mexicanos son herencia de
las botellas usadas en Europa. En siglos pasados el vino se
guardaba en barricas y toneles para que, espontáneamente,
decantarán las materias microbianas y vegetales para
después ser pasado, ya limpio, a las botellas. Es hasta
el siglo XVII en Francia cuando surge la botella de vidrio,
la cual permitió el cierre hermético. Las botellas
más clásicas son tres: tipo bordalesa (botella
de hombros altos), tipo Rhin (botella alta y estilizada) y
tipo borgoña (botella de forma ancha y de hombros caídos).
En los llamados vinos del Nuevo Mundo (los mexicanos pertenecen
a este tipo de vinos) es común ver el uso de botellas
tipo bordalesa para los Cabernets y los Merlots y de tipo
borgoña para los Chardonnays y los Pinot Noirs. Normalmente
la capacidad de estas botellas es de 750 mililitros, existen
también otras medidas especiales: la llamada Magnum
(1.5 litros), la doble Mágnum (3 litros), la Jeroboam
(4.5 litros), la Imperial (6 litros) y la botella de Champagne.
En la actualidad también están en boga las llamadas
botellas de "pestaña", las cuales son estrechas.
El
color del vidrio es fundamental para proteger al vino de la
acción de la luz, cuanto más oscuras sean será
mejor la protección. Las botellas de color claro detienen
los rayos ultravioleta pero no protege de las demás
radiaciones. Los vinos son sellados en la botella para que
se desarrollen, este fenómeno se debe a la reducción
de asfixia que es inverso a la oxidación. La oxidación
es un fenómeno químico en el cual las moléculas
del vino entran en contacto con el arie produciendo que éstas
se disparen, como los vinos tienen un proceso de evolución
(el vino nace, crece, se reproduce y muere), al oxidarse comienza
su decadencia.
|