Corchos y tapones
El corcho puede ser el punto débil de una botella ya que después de diez o quince años pierde sus facultades de cierre y al cabo de los veinticinco años puede llegar a estar en condiciones imperfectas permitiendo el paso del aire y la posible salida del vino. El corcho proviene de la corteza de tejido leñoso del Alcornoque, este árbol se produce en Portugal, España, el norte de África, en ciertas zonas de Francia y en las islas italianas de Córcega, Sicilia y Cerdeña. Para clasificar el corcho se toman en consideración sus funciones de espesor y calidad, se toman en cuenta los grados de homogeneidad, su estructura compacta, el color, la limpieza y la ausencia de defectos. Un buen corcho proviene de cortezas de una edad que oscila entre los 8 y 10 años. Si el corcho es idóneo su elasticidad permitirá que se pueda comprimir y que su espesor original se recupere en forma instantánea en un 85%. De forma semejante, el corcho es un elemento "vivo" al igual que el vino, garantiza la cerradura hermética de las botellas pero por su baja permeabilidad el corcho no se pudre y esto permite la conservación del vino.
Como la demanda mundial del corcho se ha incrementado, algunos vitivinicultores han decidido usar tapones de rosca que normalmente son de plástico. Después del corcho o tapón se protege a éste por medio de una cápsula en forma de funda alojada en la parte del cuello de la botella, estas suelen ser de estaño o de plomo.