Relación del vino con el apetito
 
Un poco de vino antes y durante la comida le estimula el apetito y se lo mantiene a buen nivel durante un tiempo conveniente.

Para que haya una buena digestión , se necesita que exista una secreción conveniente de saliva y de jugos gástricos, y el vino estimula ambas.

Esta acción emana del olor, del color y del gusto por reflejo y pasa lo que comúnmente llaman como "hacerse agua la boca".

Es indudable que surgen sensaciones agradables cuando el vino se examina, se huele y se degusta.

Estas sensaciones modifican favorablemente el tono psíquico del individuo, provocando el desencadenamiento automático, por medio del reflejo, de la secreción de los jugos gástricos y del apetito.

El vino, en contacto con los nervios de las glándulas salivales, activa la secreción de la saliva necesarias para una buena digestión de los alimentos.

Para obtener esos efectos, se necesita que se tomen vinos de graduación moderada, y en cantidades también moderadas.