En
el asunto de los vinos, los factores que mandan son la tierra, el
clima, el fruto y la mano humana. La combinación de estas
variables puede, como en todo en la vida, resultar de la mejor o
de la peor manera. De ahí que en todo el mundo haya muy buenos
vinos, pero también muy malos. En este sentido, lo que hay
que entender es que el acierto o el fracaso de una determinada añada,
tiene más que ver con una buena combinación de esos
factores determinantes, que sólo con la ubicación
física del viñedo. Por eso se dice que sin una buena
uva, no hay nada que el enólogo pueda hacer y que un fruto,
por más especial que sea, no llegará a expresar todo
su potencial si no es sometido a un proceso de vinificación
adecuado.
Sabiendo
esto, vayamos por el principio: la tierra, el clima y el fruto.
Mucho hemos oído por ahí sobre las famosas franjas
del vino. Estas corresponden a las áreas que se ubican entre
los Paralelos 30° y 50° Latitud Norte y entre los Paralelos
30° y 50° Latitud Sur. En el mapamundi, uno puede ver cómo
la franja Norte abarca toda Europa y se extiende tocando el Sur
de Canadá, todo Estado Unidos y el Norte de México,
pasando también por Medio Oriente y algunas regiones de China
y Rusia. Por su lado, la franja Sur toca Australia, Sudáfrica,
Chile, Perú y Argentina.
Las
condiciones climatológicas de estas latitudes de la Tierra
tienen características que hacen posible el desarrollo óptimo
de la vid, por sus temperaturas no extremosas y sus características
de insolación y lluvia. Es decir, es en estos lugares en
donde puede darse, pues la parra no es una planta que prospere en
climas tropicales. Nadie se atrevería a negar que el mango,
por ejemplo, simplemente no crece en regiones alemanas. Pero hay
que decir que la exacta demarcación de esas franjas no necesariamente
excluye otras regiones en las que la uva se da muy bien.
La
temperatura influye en el proceso de maduración de la planta
y por ende, en las características de los vinos, en sus aromas
y su acidez. Las temperaturas ideales para el desarrollo de la vid
oscilan entre los 11° y los 18° C, aunque resiste incluso,
de manera excepcional, los 45° C y los -15° C. También,
es importante que la región ofrezca una marcada diferencia
entre las temperaturas de verano y de invierno, e incluso, idealmente,
del día y de la noche.
El
bajo volumen de lluvia y el alto grado de insolación, son
ideales para que la planta esté estresada, es decir, siempre
a punto de decir ¡basta!¡quiero agua! Pero no, a ella
le gusta estar siempre al borde de un ataque nervioso, porque así,
todas sus propiedades se concentran en sus frutos, encerrando sus
aromas y sabores al máximo. Por eso, cuando en el viñedo
uno arranca una uva de cualquier variedad de la vitis vinífera,
y la prueba, no puede más que salir con la lengua y los labios
retorcidos debido a sus fuertísimos sabores.
En
México existen regiones con condiciones especiales que generan
microclimas absolutamente únicos. La riqueza de minerales
y otras propiedades de la tierra, aunadas al clima, y las horas
de exposición a la luz solar, hacen que los viñedos
tengan las mejores de las condiciones para producir frutos extraordinarios.
Además, en la región vitivinícola de Baja California,
por ejemplo, la proximidad del mar, se suma como condición
especial.
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