| Federico
Valentine nunca se separó, hasta su muerte, del libro Traité
sur le vin, editado en 1874 y que trajo desde Francia. Llegó
a Ensenada en 1919, huyendo de la guerra y con la ilusión
de hacer fortuna en el nuevo continente. Después de ir a
Nueva York, se fue a Mexicali a trabajar en las vías férreas
en donde escuchó hablar de la ciudad de Tijuana. Al llegar,
inmediatamente conoció a Guadalupe.
Poco
después se casaron y con la ayuda de la familia de ella,
compran un ranchito a orillas de Ensenada. En esa época no
había servicios ni de agua, ni de luz y no había pavimento.
Federico se dedica en ese entonces a criar ganado lechero y a cultivar
algunas verduras como tomate, cebolla y ajo. Tenía una carreta
en la cual transportaba la leche y sus productos por toda la ciudad.
También, atrás del rancho plantó un pequeño
viñedo en donde hacía vino de manera artesanal para
consumo propio, ayudado por su tratado del vino. Tenía un
tanque de madera en donde pisaba la uva él mismo y se hacía
la fermentación. Cuando tenía una buena cosecha, regalaba
botellas a sus amigos porque como no tenía el equipo necesario,
el vino se echaba a perder rápidamente.
Los
dos hijos varones de Valentine, Héctor y Gontrán montaron
en Ensenada una tienda miscelánea que con los años
se volvió muy importante que se llamaba Mercado Superior.
Ahí, vendían toda clase de verduras y poco a poco
fueron incorporando latería, embutidos y dulces. Con los
años, el Mercado Superior se convirtió en una tienda
muy importante en la ciudad.
Fernando
Martain, ingeniero químico, era en 1980 el encargado de producción
de Bodegas Santo Tomás. Su padre era un relojero que se había
radicado en Ensenada hacía muchos años. En ese año,
Fernando se casa con Yolanda, hija de Federico Valentine. En esa
época, en las pláticas de sobremesa en el rancho,
empieza a fraguarse la idea de montar una vinícola familiar
al estilo de las que Federico recordaba que existían en Francia.
Para 1982, esas pláticas se convierten en una posibilidad
real. La idea era constituir una pequeña empresa sin grandes
pretensiones comerciales, con una producción limitada, con
precios accesibles y con la más alta calidad posible.
En
1983, da inicio el proyecto en el garaje del rancho en donde adaptan
unas barricas, una taponadora y una llenadora, todo con métodos
manuales. Toda la familia entró a trabajar a la nueva empresa.
Héctor y Gontrán Valentin participan como inversionistas.
En el pequeño viñedo del rancho tenían una
colección de variedades que Valentine había plantado,
como Rosa del Perú, Misión, Nebbiolo, Moscatel, Palomino,
Lambrusco, Dolceto, Barbera, Cabernet Sauvignon, Chenin Blanc, y
Chardonnay. Una buena muestra de lo que se producía en Ensenada
en aquélla época. Pero empezaron a comprar uva en
otros viñedos del Valle de San Vicente, Valle de las Palmas
y Valle de Guadalupe para abastecer sus necesidades, que si bien
no eran muy ambiciosas, sí rebasaban lo meramente privado.
Su
primera cosecha, de 1985, alcanzó las 350 cajas que incluían
un blanco de Palomino, Moscatel y Uniblanc y un tinto de Grenache,
Tempranillo, Carignan y Rubyred. Las vendieron poco a poco y fueron
ahorrando las ganancias para construir la vinícola al lado
del rancho. Poco a poco fueron comprando más equipo hasta
llegar a su producción actual, alrededor de 2000 cajas al
año. Actualmente, tienen veinte hectáreas en la Cañada
de Guadalupe que están plantando. Su producción se
vende principalmente en Baja California, Ciudad de México
y Estados Unidos. Entre 1992 y 1994, exportaron a Alemania, pero
su escasa producción los hizo decidirse por sus mercados
más inmediatos.
Cavas
Valmar promueve la inquietud de buscar lo novedoso en los vinos.
Se caracteriza por hacer vinos sin refinarlos mucho, respetando
las características de cada añada con una mínima
intervención humana para no estandarizar su producción,
sino muy por contrario, dejar que la naturaleza se exprese libremente.
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