L.A. Cetto

Don Angelo Cetto desembarcó en el puerto de Veracruz a principios de los años veinte. Él venía como parte de una cooperativa de agricultores italianos de la región de Trento, al norte de Italia, que había comprado al gobierno mexicano una propiedad en Jalisco con la idea de arraigarse y buscar un futuro mejor al que esperaban de su región de origen, en ese entonces convulsionada por problemas políticos que parecían irresolubles. Pero lo que esperaban los cooperativistas con respecto a su reciente adquisición, no resultó ser la realidad. "La Estanzuela" hacienda que habían adquirido, era un lugar en ruinas, inhóspito y totalmente inviable para la agricultura. Don Angelo, como muchos otros, decidió buscar suerte en el país que había escogido como destino.

Trabajando como jornalero o en cualquier eventualidad que se le presentaba, fue encaminándose hacia el Norte, en donde aquí y allá oía que había más oportunidades que en cualquier otro lugar del país. Así llegó a Tijuana en donde compró la Vinatería Jonson en 1926.

Vinatería Johnson vendía todo tipo de vinos y licores, con una particularidad: en la trastienda, Don Angelo destilaba uva que compraba a los rusos que cultivaban en el Valle de Guadalupe, por lo que también ofrecía vino hecho en casa. En 1928, tenía su propia marca de vino, "Cetto" a la que luego le cambió el nombre por "Chauvenet", marca con la que se empieza a vender en todo el país.

En 1936, compra su primer rancho para dedicarlo a la viticultura. Pasa el tiempo y nacen sus dos hijos, Ferrucio y Luis Agustín. En 1952, Ferrucio decide montar Valle Redondo, una planta de jugos de frutas y se va a vivir a la ciudad de México. Luis Agustín, por su parte, se integra a la empresa familiar en 1951 con la idea de expandir su mercado a todo el país.

Como Don Angelo tenía una clara vocación por el campo y por el vino que tradicionalmente se producía en Trento, Italia, a principios de los años sesenta había empezado a cultivar uva en "La Escondida", un rancho que adquirió en Tecate. En 1962, ya estaba haciendo pruebas con diferentes varietales en 1,050 hectáreas con miras a comercializar diferentes tipos de vinos.

En 1966, llega Camillo Magoni, enólogo que se incorpora a la empresa y se centra exclusivamente en el mejoramiento de los viñedos para producir vinos de primera. Magoni es originario de Morbegno, Italia. Luego de trabajar para algunas empresas de su país, emigra a México en 1965.

En 1972 se funda la vinícola L.A. Cetto, la cual empieza a comercializar vinos de alta calidad que ya desde 1966 estaban planteados como estrategia principal. Ese mismo año, fallece Don Angelo. En 1974, Camillo Magoni, que creía era momento para producir un vino propio, convence a Luis Agustín de sacar un vino con su propio nombre. Así nace Luis A. Cetto, que en 1975 pasaría a ser L.A. Cetto. Aunque nunca comercializaron este primer intento, lo vendieron como Reserva San Martín, un premium de Chauvenet. Para 1979, Magoni decide que había que empezar a producir varietales. Así, en 1986 sacan al mercado sus primeros vinos finos comerciales. Para ese entonces, ya producían el vino "Don Angel".

Luis Alberto Cetto, hijo de Luis Agustín es director general de L.A. Cetto desde 1996. Con él, se cumplen tres generaciones de una familia dedicada enteramente a la empresa con una lógica de trabajo que la han hecho formarse en el negocio desde muy temprana edad y en todas las áreas, tanto de producción como administrativas. Ahora, dos décadas después de haber asumido el mando, Luis Alberto sabe muy bien lo que quiere: expandir la compañía rápidamente y ocupar todos los espacios que el mundo le permita. Si a su abuelo le correspondió crecer a nivel regional y a su padre abarcar el mercado nacional, él tiene la responsabilidad de ganarse el mundo. Y aunque hoy exportan el 25% de su producción a más de 25 países.

Este deseo de expansión se apoya firmemente en la calidad de los vinos de L.A.Cetto. Más de 95 medallas nacionales e internacionales confirman la idea de que la cantidad no necesariamente compite con los resultados a la hora de competir con los mejores del mundo. También Luis Alberto sostiene la premisa de mantener precios bajos como única posibilidad de motivar el consumo y por ende, fortalecer la cultura del vino. Así, una de las empresas más poderosas y experimentadas de la vitivinicultura mexicana, continúa su camino de calidad hacia la gran puerta del mundo.