Freixenet

Desde pequeño, a Pedro Ferrer Bosh le decían de manera cariñosa, el "freixenet". Freixenet, en catalán, es el diminutivo de Frexenera, que es el nombre de la villa que ha pertenecido a su familia por varias generaciones y que responde al hecho de que en la propiedad hay árboles de Fresno por todos lados. La Frexenera está en Penedés, cerca de Barcelona, España, una región vinícola muy cerca de Francia, cuya influencia ha resultado en la producción, desde hace muchos años, de vinos hechos de acuerdo al método tradicional champenoise.

Freixenet, como empresa vitivinícola, nació a finales del siglo XIX, como una iniciativa de Pedro Ferrer Bosh y su esposa Dolores Sala Vivé. Ambos provenían de familias que tradicionalmente estaban vinculadas al mundo del vino, concretamente, a su distribución y comercialización. Como los dos habían crecido en este medio, desde el principio se identificaron como grandes aficionados al disfrute de esta bebida y a su quehacer cotidiano. Por eso decidieron rápidamente, dedicarse a hacer vino blanco espumoso.

Establecieron su compañía en Sant Sadurní d'Anoia, en Barcelona, España y plantaron ellos mismos sus viñedos con variedades propias del Cava español, como Macabeo, Charelo y Perellada. La verdad es que les fue muy bien. Para 1935, ya contaban con presencia comercial en Londres, Inglaterra y tenían una sucursal en Nueva Jersey, cosa que significó un triunfo poco común para una empresa tan joven. Ferrer Bosh fue un promotor incansable de sus productos alrededor del mundo y también se perfiló como un gran publicista. La imagen que él creó para su empresa, la de un niño con casquete rojo que lleva bajo el brazo una botella de Freixenet, influyó de manera determinante en dar a conocer la marca y hoy en día sigue siendo el emblema de la compañía.

Cuando él murió, su viuda tomó totalmente las riendas de la vitivinícola, en la cual estaba involucrada desde su fundación. Durante muchos años, presidió las estrategias y tomó las decisiones más importantes que habrían de llevar su esfuerzo a tener presencia mundial. Su hijo, Pedro Ferrer Sala había sido director general desde 1957 y se convirtió en presidente en 1978, año en que Doña Dolores falleció.

Como parte de las iniciativas de expansión que sus fundadores ya tenían en mente desde el principio, Ferrer Sala buscó el lugar ideal para establecer un centro de producción, distribución y comercialización en el continente Americano. Fue así que llegó a México y, luego de investigar las regiones vitícolas, llegó a la conclusión que el lugar ideal era Ezequiel Montes en el Estado de Querétaro. Ahí, fundó, en honor a su madre, la finca que hoy, con la experiencia de más de un siglo en el quehacer del vino, ofrece al mercado vinos espumosos y también una amplia gama de vinos de mesa, conocidos como Viña Doña Dolores y Vivante. En los viñedos se plantaron variedades como Pinot Noir, Sauvignon Blanc, Chenin, Sant Emilion y Macabeo. Francesas las cuatro primeras y catalana la última.
Además de Cabernet Sauvignon y Malbec para sus vinos tintos.

Josep A Llaquet, enólogo y gerente general de la planta, está abocado a producir vinos que sean la mejor versión de la región en donde son elaborados. Por otro lado, en ese lugar, se construyó una de las cavas más impresionantes del continente, las más grandes de Latinoamérica. Tienen más de 25 metros de profundidad, lo cual protege de manera efectiva, el proceso de elaboración de sus vinos.

Freixenet México es una de las empresas más exitosas en cuanto a presencia competitiva en el mercado de nuestro país, pero también como activa promotora de la cultura del vino, para lo cual a lo largo de todo el año, organiza una serie de eventos que ya son tradición en la región y que atraen una buena cantidad de turismo a la zona.