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1972, el Ingeniero Eduardo Liceaga llegó a Tijuana desde
la ciudad de México para coordinar los trabajos de TAB, S.A.,
una compañía constructora con la que llevaba trabajando
muchos años y con la que había trabajado en la mayor
parte del país. Rápidamente, se puso manos a la obra
haciendo trabajos de pavimentación, casas de interés
social y otros proyectos que lo mantuvieron muy ocupado. En esa
época todavía no sabía que habría de
fundar una de las casas vinícolas que están dando
de qué hablar en Baja California y que habría de ganar
importantes medallas en concursos internacionales.
Para
1979, ya se había independizado de la compañía
y había formado su propia empresa constructora. Pero sus
recuerdos y la historia de su vida habrían de manifestarse
de alguna manera. En 1982, compró una propiedad de 20 hectáreas
en San Antonio de las Minas, con la idea, en un principio, de que
sus hijos pudieran disfrutar del campo tanto como él mismo
lo hiciera cuando niño en el rancho que tenía su abuelo
paterno en Tlaxcala.
La
propiedad se llama "El Paricutín". Curiosamente,
Liceaga nació en 1943, el mismo año que el volcán
michoacano, por lo que cuando a los seis años su familia
le regaló un caballo, le pusieron así. Decidió
ponerle a su rancho el mismo nombre como una forma de recordar esos
momentos.
Inmediatamente,
al comprarlo, se le ocurrió hacer vino, pues había
adquirido el gusto de beberlo gracias a Luis Liceaga Corona y a
Rafael Campos Galván, sus dos abuelos paterno y materno respectivamente,
quienes desde muy joven lo introdujeron al placer de degustarlo.
Ambos lo llevaban a comprarlo y a él se le quedó grabada
la manera en cómo ellos lo seleccionaban, lo probaban y lo
comentaban. Es más, desde 1978, es miembro de la Sociedad
Internacional de Vino y Comida de Londres, una especie de cofradía
que se reúne con el único propósito de buscar
el placer del maridaje. También desde el año 2000
pertenece a los Chevaliers du Taste Vin, grupo que se dedica a probar
vinos de Bourgoña.
Cuando
compró su propiedad, en un principio plantó diez mil
plantas de uva de mesa que comercializaba en todo el país.
En 1991, empezó a hacer injertos para convertir sus viñedos
a uva de vino. Entre 1991 y 1997, produjo su vino en otras vinícolas.
En 1993, su primera cosecha produjo 120 cajas. En 1998, compró
todo el equipo necesario para hacer sus procesos de vinificación
en "El Paricutín". Hoy producen alrededor de tres
mil cajas y su meta es llegar a las diez mil en unos seis o siete
años.
En
2002, el Merlot de Viña de Liceaga, obtuvo medalla de plata
en el San Francisco International Wine Competition además
de una mención como "Best of Nation". Eduardo Liceaga
quiere hacer el mejor vino de Baja California. Poco a poco, con
mucho trabajo y dedicación, sin duda lo está logrando.
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