| En
marzo de 1987, un buen número de amigos industriales que
se reunían con regularidad, escuchaba los últimos
lineamientos del plan de negocios para el establecimiento de una
vinícola mexicana. Al terminar la exposición, que
hicieron Tomas Fernández y Hans Backhoff, se inició
una sesión de preguntas y respuestas. Todos parecían
interesados en un esquema que parecía desafiar todas los
estereotipos existentes con respecto al vino mexicano, pero cuando
se invitó a los asistentes a sumarse económicamente
sólo Manuel Castro y Eric Hagsater levantaron la mano. Junto
a Ricardo Hojel, Hans Backhoff y Tomás Fernández,
como socio fundador, estaban por comenzar una aventura que los llevaría
a los primeros lugares de calidad a nivel internacional.
Todo
comenzó con Ricardo Hojel, un empresario mexicano en el área
de petro-químicos, que desde muy joven tenía la afición
y el gusto por el buen vino. A principios de los años ochenta,
Ricardo empezó a compartir con sus amigos más cercanos
su inquietud de hacer en México vinos de la más alta
calidad internacional.
Ricardo
había hecho una investigación sobre la viabilidad
del proyecto. Un viejo amigo, Tomás Fernández, quien
se había ido a vivir a Baja California para cambiar de vida
y poner un astillero en Ensenada, había empezado a estudiar
las posibilidades reales de establecer una vinícola en la
región. Por ese entonces, en 1985, durante la tradicional
regata Newport Beach - Ensenada, Tomás, conoció a
Hans Backhoff, un empresario que producía concentrados de
frutas, que por afición hacía su propio vino y que
toda su vida había estado marcado por este arte. Hacia el
final de la regata, Backhoff ya era uno más de los participantes
en el proyecto. Habría de integrarse como jefe de producción
del grupo. Juntos continuaron con el estudio de la zona y luego
de un tiempo decidieron que el lugar ideal era el Valle de Guadalupe.
Cuando
en 1987 se aprobó el plan de negocios, se constituyó
la empresa formada, finalmente, por la familia Hojel, la familia
Castro, la familia Hagsater y la familia Backhoff. Era el momento
de adquirir el terreno, el equipo necesario y por supuesto, definir
el nombre de la casa vinícola. Después de la investigación
que habían realizado en Baja California, decidieron comprar
unos viñedos que pertenecían a la familia Bibayoff,
en la región noreste del Valle de Guadalupe.
Unos
días antes de la compra del viñedo, los nuevos socios
se reunieron para pensar en cómo llamarían a la empresa
naciente. Ricardo Hojel tenía la idea de bautizarla con un
nombre que tuviera la letra "X", por ser una letra que
llama la atención, que no se usa mucho en otros idiomas y
a la cual, además, se le asocia con lo mexicano. Eric Hagsater,
con una sonrisa, dijo que si habría de tener una "X",
encontrar la palabra era muy fácil: "Xanic" dijo.
Es el nombre de su hija. Xanic es un apelativo de la lengua Cora
que quiere decir "flor que nace después de las primeras
lluvias". Una semana después, Tomás Fernández
y Hans Backhoff se encontraban en Baja California recorriendo el
viñedo. Era primavera y había flores que habían
brotado aquí y allá. En lo alto del cerro que domina
los campos, contemplaban la vista. Ahí decidieron incorporar
la idea de esa visión al nombre: "Monte Xanic".
Para
agosto de 1988 Monte Xanic estaba formalmente constituida como casa
vitivinícola, tenía sus propios viñedos y había
adquirido el mejor equipo de vinificación existente en el
mundo. Hans Backhoff había decidido reemplazar algunas de
las viejas viñas por sarmientos importados y se dio a la
tarea de hacer varios injertos.
El
primer vino no tardaría en salir, pues en 1988, las 500 cajas
de la primera cosecha se vendieron todas a pesar de que cada botella
costaba alrededor de 20 dólares, un precio que no era competitivo.
Como
si fuera un emblema de su misión de alta calidad, en el año
2000, Monte Xanic dio a conocer su mejor versión: Gran Ricardo.
Es un vino que se obtiene de los mejores caldos que se producen
y que se guarda seis años en botellas magnum, las cuales
favorecen un mejor añejamiento. La idea de hacer este vino
fue de Ricardo Hojel, quien falleció antes de que saliera
la primera cosecha. Como homenaje al amigo que los llevó
por los caminos del vino, los socios decidieron dedicárselo
y llamarlo Gran Ricardo.
Como
parte de su estrategia para estimular la cultura del vino, desde
1992, tienen una revista gratuita que se llama "El espíritu
del vino" y que sale cuatro veces al año. En ella se
tratan los más diversos temas relacionados con el vino, su
producción y su disfrute. Y para septiembre del 2000 inauguraron
el primer "Sé De vino", un lugar en donde se rompen
los tabúes con respecto al mundo del vino. Hoy en día,
existen tres "Sé De Vino", Polanco y Centro Histórico
en la Ciudad de México y uno en Ensenada, Baja California.
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